175. No parecía enfadado.
El lago volvió a quedar en silencio.
Ni el viento.
Ni las ramas.
Ni el agua golpeando contra el muelle.
Nada consiguió romper el peso de las últimas palabras de Elías.
—Porque ese hombre... era alguien de tu propia familia.
Adrián permaneció completamente inmóvil.
La luna iluminaba apenas una parte de su rostro, suficiente para mostrar cómo la incredulidad iba sustituyendo lentamente a la sorpresa.
No parecía enfadado.
Parecía incapaz de aceptar lo que acababa de escuchar.
Yo seguía sujetando s