8. Me dejó ahí.
La jornada avanzó más rápido de lo que esperaba, pero no porque fuera liviana, sino porque todo estaba tan cargado que apenas tuve tiempo de detenerme a pensar, y eso, por un momento, me alivió, porque cada vez que mi mente quedaba libre, volvía a lo mismo, a la discusión con mi hermana, al miedo con José, y a esa sensación incómoda de no saber en qué lugar estaba parada con Adrián después de lo que había pasado entre nosotros.Cerca del mediodía, recibí un mensaje corto.“Ven a mi oficina.”Nada más, ni un saludo, ni una explicación, solo esa orden directa que me hizo sentir un nudo en el estómago, porque con él nunca sabía si me llamaba por trabajo o por algo más, y esa duda, lejos de desaparecer, parecía crecer con cada hora que pasaba.Me tomé unos segundos antes de levantarme, respiré hondo intentando ordenar la expresión de mi cara, y caminé hasta su oficina con esa mezcla de tensión y expectativa que ya empezaba a volverse familiar.Golpeé la puerta apenas.—Adelante.Entré.Ad
Leer más