159. El tiempo dejó de existir.
El tiempo dejó de existir.
La mujer permanecía de pie al otro lado de la biblioteca, iluminada por la cálida luz de las lámparas antiguas, mientras Adrián seguía observándola con una intensidad que jamás le había visto.
No pestañeaba.
No respiraba.
Parecía un niño intentando decidir si aquello era un recuerdo o un milagro.
—¿Abuela...?
La palabra salió quebrada.
Casi irreconocible.
La mujer sonrió con infinita dulzura.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse lentamente por sus mejillas antes de qu