160. Después a Adrián.
Nadie respiró.
Las palabras de Elena quedaron suspendidas en el aire con una calma tan absoluta que el leve tic tac del reloj volvió a convertirse en el único sonido dentro de aquella biblioteca.
Sentí que la carpeta pesaba una enormidad aunque todavía descansaba sobre la mesa.
Miré a Elena.
Después a Adrián.
Volví a mirarla.
Esperaba que sonriera.
Que dijera que había elegido una forma desafortunada de expresarse.
Que aclarara que todo era una confusión.
Ella no hizo ninguna de esas cosas.
Su