158. La habitación donde el tiempo seguía vivo.
Ninguno de nosotros se movió.
La vela permanecía encendida al pie de la escalera, proyectando una luz tenue sobre los escalones de piedra, mientras aquella última frase seguía instalada en mi cabeza con una fuerza imposible de ignorar.
"Yo los estoy esperando abajo."
Respiré despacio.
No encontraba una explicación lógica.
La carta podía haber sido escrita años atrás.
La llave también.
Incluso el mecanismo oculto detrás de la biblioteca podía formar parte de un viejo diseño de la casa.
Pero aque