125. La dirección.
No le digo nada.
Durante todo el camino mantengo el teléfono dentro del bolso y la dirección permanece guardada en algún rincón de mi mente, latiendo como una presencia constante que no consigo ignorar.
La conversación con Adrián avanza por temas simples.
Trabajo.
Reuniones.
Un cliente complicado.
Cosas normales.
Demasiado normales.
Casi como si ambos estuviéramos intentando aferrarnos a la rutina mientras todo alrededor amenaza con romperse.
Cada vez que lo miro, la culpa aparece. Porque le es