124. Las preguntas que no desaparecen.
Despierto antes que Adrián.
La claridad del amanecer entra por la ventana en tonos suaves, tiñendo la habitación con una calma engañosa que no consigue alcanzar mis pensamientos.
Durante unos segundos permanezco inmóvil. Su brazo sigue rodeando mi cintura. Su respiración mantiene ese ritmo tranquilo que pocas veces le veo durante el día. La noche anterior había logrado regalarnos una tregua. Nada más que eso. Una tregua. Porque la fotografía sigue existiendo. La frase sigue existiendo. Las preg