Mundo ficciónIniciar sesiónNos quedamos bastante rato volviendo a armar la nave destruida. Eran muchas piezas y el manual estaba arrugado, sumado a la escasa luz que Gabrio toleraba en su habitación.
Sabía que esos juguetes para armar costaban fortunas, nunca había tenido uno pero conocía los precios, y el que armábamos ahora tenía muchísimas piezas diminutas que recreaban una nave de la







