••Narra Catrina••
Mi cabeza iba en todas direcciones, mi cerebro trabajando cada segundo.
Necesitaba encontrar la manera de escapar.
Mi boca estaba cubierta por un trozo de tela atado a mi nuca, mis muñecas atadas con soga. Dos hombres custodiándome. En todo el camino, no vi ni a una sola persona. En verdad los sirvientes de la mansión Cambridge estaban conspirando con Edmundo.
Pero, ¿qué querían de mí? ¿Qué querían hacerme?
Cada vez estábamos más cerca del vehículo estacionado frente al bo