Ya estaba harta de fingir, de actuar como si no quisiera esto, cuando condenadamente he soñado con esto durante diez tortuosos años y el odio por él, lo cual era lo único que me mantenía al margen con los sentimientos que desarrollaba, estaban desapareciendo.
—A partir de ahora seremos un matrimonio de verdad. En todos los sentidos —dijo contra mis labios.
No entendí a lo que se refería, pero tampoco me importaba. Al menos, no ahora. Solo quería sentirlo. Mi vientre, mi coño, mi clítoris. Estaba desesperada. Sentía que mi cuerpo no me pertenecía, que la lujuria me había borrado la razón.
—Connor… —Su nombre salió de mis labios como un secreto, una muestra de mi aceptación en este momento pasional.
Y eso fue todo lo que necesitó.
Gemí al sentir como entraba en mi interior, lento, haciéndome sentir toda su envergadura. Mis paredes vaginales adaptándose al tamaño que recordaba. Ya no me importaba si me escuchaban, solo quería sentirlo como en el pasado.
Él es el único hombre con el