Ya estaba harta de fingir, de actuar como si no quisiera esto, cuando condenadamente he soñado con esto durante diez tortuosos años y el odio por él, lo cual era lo único que me mantenía al margen con los sentimientos que desarrollaba, estaban desapareciendo.
—A partir de ahora seremos un matrimonio de verdad. En todos los sentidos —dijo contra mis labios.
No entendí a lo que se refería, pero tampoco me importaba. Al menos, no ahora. Solo quería sentirlo. Mi vientre, mi coño, mi clítoris. Esta