Los músculos me dolían, crujían y me pesaban. Quería dormir por cinco días seguidos, pero un ruido no dejaba de fastidiarme. Lo escuchaba repetidas veces. Era vidrio chocando con vidrio.
Terminé por abrir mis ojos, con pesadez.
Connor estaba a mi lado, su cuerpo desnudo en todo su esplendor. La sábana apenas le cubría las caderas. En su pectoral izquierdo continuaba la gasa, por suerte seca y sin el menor rastro de sangre a pesar de todo el esfuerzo físico.
Debí resistirme y negarme, cuid