De un lado, del otro. Media vuelta, otra media vuelta. No importaba en que posición me colocará, no encontraba forma de descansar.
Hice todo lo que estaba en el repertorio; cerrar los ojos, contar ovejas, resolver problemas matemáticos, imaginarme que dormía sobre una nube suave. ¡Ya lo probé todo y nada funcionaba!
—Todo es culpa de ese hombre y su malditø intento de besarme —Me senté en la cama, molesta.
Me puse las pantuflas y salí molesta de la habitación, dirigiéndome a la cocina.
Me tocaría usar la artillería pesada: leche tibia.
Me aseguré de no hacer ningún ruido, ya que todo estaba oscuro y en silencio porque era muy tarde.
Al verter la leche en la olla, un golpe sordo me hizo sobresaltar. Mi corazón dio un vuelco.
Se escuchó cerca, dentro de la mansión. Solo había dos probabilidades; un ladrón o un fantasma. Y ninguna de las dos opciones era de mi agrado.
¿Dónde estaban Luther y Zather cuando se les necesitaba?
Y aún así, como estúpida, tomé una de las múltiples olla