¿Qué estaba diciendo este hombre? ¿Era verdad? O, ¿era un disparate causado por el alcohol? ¿Tal vez era la manera de Connor de decir que en realidad no lo considera su padre? Era una posibilidad y me picaba la curiosidad.
—¿A qué te refieres, Connor? ¿Qué quieres decir con que no es tu padre? —No estaba para usar las formalidades de “señor Ronchester”. De nada me servía actuar de esa forma con un borracho.
Connor bajó la mirada, viéndome con sus ojos vidriosos. Una de sus manos fue a mi mejilla, acariciando mi piel. Me era imposible disimular que aquella zona que tocaba, ardía ante su tacto.
—¿Señorita Castillo? ¿Qué sucede? Oh, Dios mío. Señor Ronchester —La voz llegó a lo lejos, haciéndome sobresaltar.
Me levanté de un brinco, con el corazón a punto de salirse de mi boca.
Miré a la figura delgada y alta entrando en el vestíbulo.
Era Scott, con una pijama de… ¿Bob esponja?
Si estuviera en otra situación, me reiría. Pero el hombre acababa de encontrarme en las piernas de