Cuando me dijo que le rendiría cuentas con mi cuerpo, por mi mente pasaron muchas, muchas cosas indebidas, pecaminosas y que me prometí no volver a hacer con él. Me avergonzó lo que mi mente recreaba y me reprendí a mí misma por tal debilidad.
Pero, lo que más me avergonzaba era que… Mi cabeza había imaginado mal.
¡Cochina mente!
En verdad me había traído a su empresa.
—¿Qué hacemos aquí? —pregunté lo obvio, observando el enorme edificio que estaba ante mí, imponente y lujoso.
Nunca había e