Estuve con los ojos abiertos de par en par por segundos interminables. No sólo por intentar comprender cómo Connor me encontró. Mi problema principal era Albeiro. Connor no lo conocía a él, pero obviamente Albeiro si conocía al actual dueño de la fortuna Ronchester.
Y que este hombre, que pertenecía a un mundo completamente diferente al mío, esté diciendo que estaba con él, no se veía muy bien para una mujer pobre como yo.
—No entiendo —Me miró a mí, después a Connor y al finalizar, la unión de nuestros cuerpos—. ¿Ustedes se conocen?
Vi el ceño fruncido de Connor, sus cejas rojizas casi unidas por la molestia y sus ojos detallando al desconocido frente a él. Antes de que pudiera empeorar la situación, me adelanté.
—Sí, sí, nos conocemos —Logré separarme de él, empujándolo—. Yo… trabajo para el señor Ronchester.
—¿Qué? —respondieron los dos al unísono. Uno más impactado que el otro.
Técnicamente, lo que dije era verdad. Yo trabajaba para Ronchester, como madre subrogada. Pero ese