—Señora, ¿qué hace…? —Trató de preguntar Scott, pero no le presté atención.
Perseguí aquella voz insoportable, hasta que entré a la estancia, donde una mujer pelinegra vestida con ropa de alta costura se encontraba gritándole a una joven sirvienta.
¿Quién era ella?
Pensé que me encontraría a Cecilia, pero en su lugar, estaba esta mujer furiosa que debía tener casi mi edad.
Sus ojos grises se encontraron con los míos.
—¡Ahí estás, maldita zorra! —exclamó con los dientes apretados.
Su mirada revelaba una auténtica furia.
¿Iba dirigida a mi persona? Ni siquiera la conocía.
Me vi en la obligación de mirar detrás de mí, pensando que le estaba hablando a otra persona, pero no. Solo estaba Scott y no creo que él sea “la maldita zorra” a la que busca.
¿Qué podría querer esa mujer desconocida conmigo?
Tratando de mantener la formalidad, ya que no sabía a qué me enfrentaba, me dirigí a la mujer que caminaba a grandes zancadas en mi dirección.
—Disculpe, ¿usted quién es y qué quiere…?