—Señora, ¿qué hace…? —Trató de preguntar Scott, pero no le presté atención.
Perseguí aquella voz insoportable, hasta que entré a la estancia, donde una mujer pelinegra vestida con ropa de alta costura se encontraba gritándole a una joven sirvienta.
¿Quién era ella?
Pensé que me encontraría a Cecilia, pero en su lugar, estaba esta mujer furiosa que debía tener casi mi edad.
Sus ojos grises se encontraron con los míos.
—¡Ahí estás, maldita zorra! —exclamó con los dientes apretados.
Su mirada