Yo me había encargado de servirle comida a muchas personas, incluso a los Ronchester. Pero jamás tuve un ejército de platos para mí sola. No lograría ni comerme la mitad.
Se sentía tan bien al tener abundante alimentos, no pasar por escasez, pero al mismo tiempo, me causaba preocupación la cantidad de desperdicio.
Desperdicio… Solo con pensar en esa palabra, se me venía a la mente la infeliz de Maricela; la ex prometida.
Mi cuchillo atravesó con fiereza el corte de carne bien cocido mientras