El aire en la oficina de Hywell se había vuelto denso, casi irrespirable, cargado con el veneno de sus palabras.
"Tú siempre serás mía", había susurrado, y la posesión en su voz era un eco de las peores pesadillas de Jade. Liam, conmocionado, apenas procesaba las atroces revelaciones de lo que, para él, solo era su linda Jade. El silencio que siguió, pesado y opresivo, fue roto solo por el tenue zumbido del aire acondicionado.
Jade sentía las miradas de ambos hombres sobre ella, una mezcla de t