El eco de las palabras de Hywell resonaba en el suntuoso silencio de la oficina: "Tú lo mataste, Jade".
Jade se quedó inmóvil, petrificada, la mente en blanco, el horror de la verdad consumiéndola. No era una duda, no era un sueño; era una confirmación brutal.
Ella había apretado el gatillo. Ella había matado a Nick.
Liam, a su lado, estaba tan pálido como el mármol bajo sus pies. Sus ojos verdes, que segundos antes estaban llenos de apoyo incondicional, ahora estaban abiertos de par en par, fi