El amanecer no trajo consigo la paz que Jade anhelaba.
La luz pálida de la mañana se filtraba por las cortinas de su antigua habitación, pero sus ojos permanecían fijos en la nada, absortos en el eco de su sueño. La imagen de Nick, vivo, mirándola con esa posesión familiar en el oscuro callejón y en el aterrador Santuario, se negaba a disiparse. ¿Era una cruel broma de su subconsciente, o una verdad tan dolorosa como la bala que, supuestamente, lo había silenciado para siempre?
Se levantó con u