El mundo de Jade se detuvo.
Las palabras de Mr. Corbin la golpearon como un puñetazo en el estómago, vaciándola de aire, de toda esperanza. La verdad, cruda y asquerosa, se reveló ante sus ojos, confirmando su peor pesadilla. Robert, su supuesto salvador, su protector, el hombre que le prometió libertad, la había entregado. Compartirla. Como un objeto, una posesión, una pieza de carne.
Un grito mudo quedó atrapado en su garganta. Sus ojos, fijos en Mr. Corbin, luego en Robert, se llenaron de un