La tensión en el club había sido una descarga eléctrica, pero el verdadero impacto golpeó a Jade y Robert al regresar al apartamento. El silencio del auto era pesado, denso con la ira contenida de Robert. Al entrar, la atmósfera cálida y sensual de su refugio se había transformado en un glaciar. Robert se dirigió directamente al bar, sirviéndose un trago con manos temblorosas.
Jade lo siguió, sintiendo cómo el miedo y la culpa la atenazaban de nuevo. Se quitó el vestido, sintiendo la frialdad d