Los días se transformaron en una vorágine de sensaciones nuevas para Jade. Las semanas que siguieron a su escape y la horrenda noche en la bodega con Hywell y Nick, fueron un torbellino de alivio y una extraña, casi febril, felicidad. Robert la había instalado en el lujoso apartamento discreto, un refugio donde el aire se sentía ligero y la sombra de Hywell parecía no poder llegar. Hywell no la buscó, no la siguió, la dejó ser libre.
La vida de Jade con Robert era un contraste abismal con su ex