La invitación de Robert al club había desatado en Jade una mezcla de ansiedad y una extraña excitación. Había algo en la promesa de una libertad total y una amnesia forzada a través de la indulgencia, que la atraía con una polilla a la llama.
Se vistió con lo que Robert le había dado: un vestido largo y fluido de seda negra, con aberturas pronunciadas que revelaban una pierna entera al caminar y un escote atrevido que dejaba poco a la imaginación, realzando su figura. Se sentía expuesta, pero e