La palabra "divorcio" resonó en la habitación del hospital como una bomba que detonó en el silencio. El rostro de Hywell se contorsionó, la máscara de frialdad se desmoronó para revelar una furia animal que lo hizo parecer irreconocible. La ira, mezclada con una incredulidad palpable, se apoderó de él.
—¿Divorcio? —escupió Hywell, dando un paso amenazante hacia la cama de Jade. Sus ojos ardían como si fuese Hades—. ¿Crees que puedes llegar aquí, casi muerta por tu propia estupidez, y exigirme a