El frío acero de la tubería bajo sus dedos trajo a Nick Lockett de vuelta al presente, pero su mente aún vagaba en los ecos de la voz de Elara, su bellisima esposa. La promesa que le había hecho pesaba sobre él, impulsándolo a proteger a Jade con una ferocidad nacida de la culpa y el afecto que creyó que nunca más sentiría. Y era precisamente esa imagen de Jade la que lo transportaba a otra noche, mucho más brillante y llena de promesas.
La ostentosa fiesta de la petrolera de Hywell rebosaba de