La tarjeta negra en su mano era un pase a un mundo de lujo sin límites, un preludio a la cena con Hywell que prometía ser tanto intrigante como peligrosa, pero excesivamente excitante.
La aprobación de su padre, aunque teñida de preocupación, le había dado a Jade la libertad para explorar este nuevo camino. No amaba a Hywell con la pasión ciega que una vez sintió, pero la curiosidad por su "nueva" forma de ser y el innegable magnetismo que ejercía sobre ella eran demasiado fuertes para ignorarl