Pero ¿qué le sucedía a ese hombre tan bipolar? ¿Por qué le estaba haciendo esas preguntas tan de repente y en un lugar público?
La cara de Avery ardía de vergüenza y su cabeza quería explotar. ¿Qué se suponía que debía responderle, si a su mente llegaban cientos de imágenes, palabras, toques y besos que él le había dado y le eran imposibles olvidar? Incluso su reciente beso aún le impedía procesar sus palabras correctamente.
—¿N-no vinimos a… comprar el regalo de tu hermano? —tartamudeó.
Respón