—Estoy bien, ángel. Esto no es nada —se quejó, presionando la herida que había recibido en uno de sus brazos.
Avery no podía dejar de llorar y de abrazarlo. Las emociones la rebasaban en ese momento, más cuando el miedo aún seguía corriendo por todo su sistema y la tenía presa. Cuando lo vio caer al suelo tras recibir el impacto de bala, pensó lo peor.
—Mírame, mi amor. Aquí sigo, contigo —sus ojos se encontraron, lo que destrozó el corazón del hombre al verla envuelta en lágrimas y fuera de sí