—¿Cómo? —preguntó Jeray, apartándola un poco de su cuerpo y mirándola con fijeza.
—¿Ah? —Avery se mordió el labio inferior con nerviosismo.
—¿Qué fue lo que dijiste?
—¿Qué cosa?
—Lo que acabas de decir, ángel —le insistió, poco paciente y sintiendo una sensación extraña en el pecho.
La chica lo miró con el corazón latiendo cada vez más fuerte en sus oídos, las manos temblorosas y sudorosas. Estaba tan perdida en sus pensamientos, disfrutando de ese momento tan especial, que no se dio cuenta del