—¿A dónde me llevas, mi amor?
—Ya te dije, ángel, es una sorpresa —le repitió el hombre, ayudándola a bajar del auto.
Avery se sentía nerviosa y su corazón latía emocionado con cada paso cuidadoso que su novio le ayudaba a dar. Desde que salieron del apartamento, le vendó los ojos y no le dijo a dónde la llevaría, solo que tenía una sorpresa para ella.
Esperaba expectante a que llegaran a su destino y que le quitara la venda de los ojos. Por su cabeza pasaban cientos de cosas, entre románticas