94. Al borde
Alessandro
El tráfico se había convertido en una pesadilla a esa hora por culpa de ese partido de mierda. Tamborileé los dedos contra la ventanilla, mirando la fila interminable de autos que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Tres semáforos más y llegaría al hospital, para saber cómo seguía Roxana y cuándo la iban a despertar.
El teléfono vibró contra mi pecho y la pantalla se iluminó con el nombre de Dana. Me acomodé mejor en el asiento y cruzamos mirada con Romano que iba conduciendo