57. Nuestro hijo
Alessandro
La capilla del hospital intentaba proyectar serenidad con sus vitrales en tonos pastel y su altar modesto, pero como el área que acababa de abandonar, tampoco podía ocultar lo que realmente era: un lugar donde las personas desesperadas venían a negociar con fuerzas superiores.
Las bancas mostraban el desgaste de las rodillas que se habían presionado contra ellas, rogando por milagros que la medicina no podía garantizar.
Me senté en el último banco, permitiéndome sentir al fin el pes