58. Lo que necesito de ti
Roxana
Las cortinas de la habitación del hospital filtraban la luz dorada de la tarde, y por primera vez en los últimos días, Andrea dormía con tranquilidad. Sus mejillas tenían color otra vez y yo ya no contenía el aliento, esperando que algo saliera mal. Por fin había desaparecido ese pánico que me roía las entrañas cuando lo observaba respirar.
Me senté en la silla junto a su cama, y tomé su mano pequeña entre las mías.
—Parece que solo está durmiendo la siesta —murmuró Lucía desde el umbral