55. Fuego Cruzado
Roxana
El café entre mis manos se había enfriado hacía tiempo. No recordaba haberlo preparado, pero tampoco importaba ya. Había pasado la madrugada entera en la habitación de Andrea, alternando entre el sofá cama y la silla junto a su cama, observando el subir y bajar pausado de su pecho.
Mi sueño llegaba a ratos, pero se interrumpía cada vez que algún monitor pitaba o cuando la preocupación me despertaba de golpe.
Las precauciones de aislamiento no eran tan restrictivas como había temido y el