Capítulo 40 Mantén la calma.
El coche se deslizaba silenciosamente por la carretera, llevando a Dima, Vladimir, Lev y Lucya hacia la mansión Neizan.
El interior del vehículo estaba impregnado de una tensión casi palpable; cada respiración parecía resonar en el aire denso, como si hasta los cristales adivinaran que algo estaba a punto de romperse, o explotar.
Sentado en el asiento del copiloto, Lev apretaba los puños sobre sus rodillas, las uñas clavándose en la palma mientras su mandíbula temblaba por la furia contenida, s