Vladimir no demoró más de 10 minutos en llegar a una farmacia, con el poder que le concedía el ser conocido por casi todos en la ciudad, solicitó la medicación que había ido a buscar, y por supuesto que las empleadas se apresuraron a darle cuanto calmante existiera, por supuesto que no se atrevieron ni siquiera sonreír al ver al líder de una de los clanes más grandes de Rusia el solicitar calmantes para el periodo, pues estas mujeres no sabían si considerar afortunado desafortunada a la mujer e