La vida de los Yuu Nahual siempre se había medido en ciclos. El ciclo del sol, que dictaba el día y la noche. El ciclo de las lluvias, que dictaba la siembra y la cosecha. Y el ciclo de la vida y la muerte, que se aceptaba con una resignación estoica. Eran un pueblo que vivía al borde del abismo, en una tregua precaria con una selva que podía ser tan generosa como cruel, y bajo la amenaza constante de tribus rivales, como los temidos Koo Yasi, el Pueblo de la Serpiente, que codiciaba sus tierra