Mundo ficciónIniciar sesiónHabían pasado seis años. Seis cosechas de las Semillas del Sol. Seis estaciones secas superadas gracias al pozo que ahora era el corazón de una red de acueductos. El tiempo había transformado la cicatriz de un campo de batalla en el centro de un poder floreciente.
Nueva Aztlán ya no era un campamento de refugiados glorificado; era una ciudad. Sus murallas exteriores, ahora de piedra tallada y reforzada, se alzaban desafiantes contra el horizonte. Dentro, las calles de tierra habían sido reemplazadas por un empedrado rudimentario pero funcional, diseñado por Nayra para drenar el agua de las lluvias torrenciales. Las chozas de barro y paja habían dado paso a casas de adobe de dos pisos para las familias, y a edificios de piedra para las funciones del estado: el gran salón del Congreso, los graneros comunales y la imponente Academia de la Luz, cuya biblioteca ya albergaba cientos







