Las primeras luces del invierno iluminaban los grandes ventanales de la sala de mapas con un resplandor cobrizo y tenue. La nieve, que caía en copos pesados y lentos sobre Colmillo de Plata, cubría las almenas y los patios exteriores con un manto espeso que amortiguaba el bullicio de los regimientos de la manada pura. En el interior del palacio, el aroma a resina de pino quemada y bismuto incandescente llenaba los pasillos de gobernación, donde la burocracia imperial trabajaba con la precisión