La niebla salina del mar del este se arrastraba sobre las olas con la densidad del plomo líquido. A tres millas de la costa meridional, donde las aguas cálidas del sur se encontraban con las corrientes heladas que bajaban del norte, tres pesados galeones mercantes de la Casa Valois avanzaban con las luces apagadas y las velas teñidas de negro para mimetizarse con la noche. En sus bodegas reposaban toneladas de seda, aceites rúnicos y cofres de bismuto no registrado, destinados a financiar la re