El gran salón del consejo en la ciudad meridional de Vence—el corazón cultural y político del sur—amaneció sumido en un silencio gélido que helaba la sangre de la alta nobleza. Las inmensas lámparas de araña, labradas en cristal y bronce, apenas proyectaban una luz tenue sobre la gran mesa circular donde los siete duques restantes leían, con rostros desencajados y manos temblorosas, el pergamino sellado con la cera negra de la Casa Auren.
En el centro de la estancia, Flanqueada por cuatro ofici