La carnicería en el desfiladero fue breve, silenciosa y absoluta. La Manada del Oeste, al comprender que habían sido guiados al matadero por un rey extranjero y sin corona, arrojó sus armas sobre el hielo teñido de rojo. Branka y sus lobos de las sombras no mostraron clemencia con los cabecillas, pero mantuvieron con vida a las dos piezas que debían pagar el precio más alto por su osadía.
Gideon y la hija del primer consejero fueron arrojados de rodillas sobre la piedra helada, con las manos at