El invierno tardío del norte se negaba a ceder su trono de escarcha, pero dentro de los muros de Colmillo de Plata, el fuego de las forjas trabajaba a triple marcha. El bismuto negro recuperado de las rutas del oeste ya fluía como venas de lava oscura hacia los moldes de las nuevas armaduras imperiales. Vanya observaba el plano de la fortaleza desde el balcón interno del gran salón del consejo, con una mano apoyada sobre la curva pronunciada de su vientre. Los trillizos se movían con una energí