El invierno en el norte no se medía por los días en el calendario, sino por el espesor del hielo que cubría los lagos y el aullido constante del viento que se filtraba por las saeteras de Colmillo de Plata. Dentro de la fortaleza, sin embargo, el tiempo parecía discurrir a un ritmo diferente, marcado por la calidez del fuego y el avance lento pero constante del embarazo de Vanya. Con el paso de los meses, la silueta de la emperatriz se había transformado de manera evidente, albergando la triple