La estepa noroccidental era un desierto de nieve perpetua donde el viento aullaba como las almas de los lobos desterrados. La marcha forzada de doce horas bajo un frío que congelaba el metal habría diezmado a cualquier batallón regular, pero las cien unidades de la manada pura de los Colmillos Negros devoraban la distancia con zancadas rítmicas e implacables.
A la cabeza de la formación, Vanya corría al flanco de Alek. Su loba, Sura, se había fusionado tan estrechamente con sus músculos que la