La victoria en las Colinas de Hierro había sido absoluta en términos militares. El general Robert batía en retirada con los maltrechos restos de la Primera División de Élite, y el acceso directo hacia el sur estaba, por primera vez, desguarnecido. Sin embargo, en el puesto de mando del norte no había espacio para la celebración. Las últimas palabras del asesino herido por Alek flotaban en el ambiente como un gas ponzoñoso.
Vanya permanecía dentro de la tienda de campaña principal, iluminada ape