Capítulo 3 – Entre Sombras y Pecado

Cuando el hombre se paró de aquel sillón de las sombras Valeria pudo observar a un Hombre de 1.95 aproximadamente Con un cuerpo totalmente atlético, con músculos marcados por una camisa negra ajustada a su cuerpo como una segunda piel, y esos pantalones de un color similar, que solo indicaban lo ajustado y apretado que se remarcaba en medio de ellos.

Formando un nudo en la garganta de Valeria y eso le hizo teñir sus mejillas de un rojo y a esos ojos tan negros como la noche que la veían solo se le hacía como observar a un ángel, el ángel más puro y peligros que haya podido ver en su vida.

—Dime algo, Piccola... ¿te gustaría que este ser oscuro te arrastre hasta arder en las llamas del infierno? — susurró él con una voz tan baja como peligros —Porque tu respiración, tus ojos… me lo están rogando, tu cuerpo, incluso sin tocarlo, ya lo siento.

Valeria tan solo lo único que podía hacer era mirar sus ojos, oscuros y electrizantes como la noche misma, la cercanía era casi inexistente, un abismo de centímetros que quemaba como fuego bajo la piel. Un nudo en la garganta la apretaba con violencia, y por un instante se obligó a pensar, a resistir. "Esto está mal… muy mal, yo no soy así..."

Pero su mente, rendida al deseo, le respondió con cinismo "Al diablo… total, nunca más volveré a verlo, es solo una noche." Lo que no sabía era que sus lazos ya estaban tejidos, amarrados por una sombra que no estaba dispuesta a soltarlos… y aquello era solo el principio.

De una forma casi irracional, Valeria reunió una valentía que ni ella misma sabía que poseía. Se acercó a él y lo besó. Fue un beso feroz, cargado de deseo contenido, un choque de bocas que pronto se volvió agresivo, salvaje.

Las caricias de aquel hombre misterioso no hacían más que avivar las llamas que ardían en su interior. Se dejó envolver, perder, consumirse en él. Y él, sin esfuerzo alguno, la levantó como si su cuerpo no pesara más que el aire. Instintivamente, y como si su cuerpo tuviera voluntad propia, Valeria enredó sus piernas alrededor de su cintura.

Apenas notó la cama detrás de sí y solo supo que en un segundo fue depositada sobre ella con rudeza, una rudeza que la electrizó hasta hacerla temblar... no de miedo, sino de un deseo feroz que se apoderaba de cada rincón de su piel. El hombre abandonó su boca para descender lentamente por su cuello, delineando su clavícula con los labios encendidos.

Llegó a sus senos, que no eran ni grandes ni pequeños, pero que en ese instante fueron objeto de un hambre contenida, de una necesidad voraz de explorarlo todo, de profanar con suavidad cada rincón de ese cuerpo tan delicado como peligroso.

—Están deliciosos Piccola — dijo con esa voz tan grave y tan varonil que a Valeria solo la hacía sentirse tan húmeda y deseosa de que siguiera Y como si el hombre pudiera leer sus pensamientos abandono sus senos y bajo a su centro pudiendo notar esa tela oscura que solo le hacía agua la boca. Pero había algo que lo incomodaba, una mínima barrera de tela que le impedía admirar por completo aquello que tanto deseaba profanar.

Sin vacilar, la retiró de un tirón decidido, ese gesto, repentino, arrancó un gemido de sorpresa de los labios de Valeria Un sonido que encendió aún más el ambiente, como si aquel suspiro liberara todo lo que su cuerpo ya no podía contener. Dos de sus dedos acariciaron ese estrecho y tan húmedo canal, para después ser llevados a la boca del hombre quien no pudo más que objetar.

—Estas tan caliente y húmeda Incanto (encanto) —Al ver el hambre de la mujer el hombre no la hizo esperar más pues pudo detallar la mirada llena de lasciva que desprendía la mujer, que tenía acostada en la cama Y que además eran las mismas ganas que él tenía.

Por lo que sin más preámbulo acerco su rostro a la feminidad de la mujer lamiendo y chupando esos jugos que solo se le hacían adictivos, dando lametones y teniendo una destreza donde su lengua hacia una danza con los pliegues de Valeria quien solo podía retorcerse de placer, por la electricidad que mandaba a su cuerpo, pues para ella era una sensación que nunca antes había vivido, inmediatamente comenzó a sentir un fuego que se comenzaba a formar en su vientre bajo Involuntariamente solo podía pedir más de las sensaciones que el hombre desprendía Llegando así de esa manera a su primer orgasmo

—Deliciosa Piccola —

De esa forma el hombre subió a su boca haciendo que Valeria probara el néctar de sus jugos, intensificando el calor, un calor que Valeria pedía con la mirara que lo apagara, aquel hombre comenzó a desvestirse con una mirada que solo producía lasciva y un fuego ardiente, los ojos de Valeria no podían apartarse del cuerpo esculpido y bien trabajado del hombre que instintivamente la hizo apretar las piernas. Ganándose una sonrisa arrogante del hombre, el cual cuando estuvo totalmente desnudo se acercó de una manera peligrosa a la mujer.

—Te are subir al cielo, y a la vez te are querer regresar al infierno Dolcezza (dulzura)

Fueron las palabras del hombre, posicionándose y metiendo su falo, que sintió la estreches de la mujer y dijo — Joder esta tan apretado Dolcezza

Calentando de esa forma las mejillas de Valeria que a pesar de que sintió un dolor que le desgarraba el alma también se sentía deseosa de más, y no supo si fue el calor del momento o la vergüenza que sentía de decirle la verdad al hombre, pero decidió callar, y dejarse llevar por el momento, embriagándose por las sensaciones que el hombre la hacía sentir, y cuando estuvo totalmente dentro de ella como si su cuerpo tuviera vida propia comenzó a moverse, queriendo sentirlo más cerca.

Sin embargo, era tanta la estrechez de la mujer, que hacía delirar al hombre que le fue imposible no hacerlo de una forma ruda y fuerte, que solo intensificaba las ganas, llevo su boca a uno de sus senos succionando y apretando el otro, para que no sintiera el abandono, sin dejar el vaivén de sus caderas, sus besos no eran tiernos, eran rudos y por alguna razón, a Valeria no le interesaba que dejara de serlo, siendo raro para una mujer que siempre había añorado todo lo tierno de un hombre.

Pero era ese hombre la hacía querer más y más, no fue hasta que Valeria empezó a sentir esa sensación en su vientre bajo que supo que su segundo orgasmo se acercaba, y fue imposible no soltar un fuerte gemido cuando este llego, siendo seguida del hombre que soltó su semilla dentro de ella con un jadeo tan varonil y electrizante.

—No te soltare en toda la noche Dolcezza Y por alguna razón, Valeria tampoco quiso detenerlo, así comenzó una noche donde la oscuridad y la luz se fundieron en algo que jamás debió suceder... pero que era inevitable.

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