La conversación siguió fluyendo de forma ligera y divertida, y por primera vez aquella noche, me sentí de verdad relajada.
Pedí permiso a Selina y fui al baño. En cuanto feché la puerta del cubículo, solté un suspiro largo, sentindo el pecho apretado de nervios. Hasta agora eu estava a lidar bem, mas a noite parecia un teste constante de equilíbrio.
¿Aguentaria até o final sem meter a pata?
Respiré hondo varias veces, intentando calmarme. “Ya has pasado por cosas mucho peores, Ariel”, pensé, in