Capítulo veintiocho. ¡Todo esto es mi culpa!
Sebastián abrió los ojos apenas Oliver se marchó de la oficina. Estaba intrigado por la actitud del muchacho, ¿qué había sucedido para que se apartara de él tan abruptamente?
Se puso de pie y caminó de un lado en la habitación, estuvo tentado a salir detrás de él y preguntarle, pero antes de quedarse dormido había estado pensando en lo difícil que tenía que ser para Oliver encontrarse entre la espada y la pared.
Y el como un hombre adulto debía darle su espacio, debía comprenderlo y apoyarlo en